4.1.09

No me enorgullece mi temor a las cucarachas. Quizás si fuese chiquita la gente comprendería un poco mi pavor hacia esos bichos del demonio. Yo sé que las cucarachas no pueden hacerme nada, que sólo con aplastarlas con el pie ya todo está arreglado. Lo sé con la mente, cuando no están, pero no lo entiendo cuando se aparecen. Las peores son las que de repente alzan vuelo, y me provocan un asco tal que me inmovilizo.
Desde chica padezco de esto. Yo no puedo agarrar una rata a escobazos ni matarla, no puedo acariciar a una iguana, ni ver una puta araña y sucede que mi manía hacia las cucarachas es desproporcionada. Es una mezcla de miedo, asco y repugnancia, es irracional, claro, estoy consciente de eso.

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